Inicio | Contactar | Enlaces
larger smaller reset
arrow Presentacion arrow Documentación arrow Cuentos y Narraciones arrow HASTA QUE LO VIVES de Oriol. (cuento).   sábado, 04 de febrero de 2012

Menú

Novedades

libro-pericardio.gif
libro-pericardio.gif

Conectados

No hay usuarios conectados
HASTA QUE LO VIVES de Oriol. (cuento). Imprimir E-Mail

Te voy a contar un cuento.

 

No es un cuento cualquiera. Es un cuento solo para tí. Es uno que no tiene forma ni color, ni principio ni final. No se lee ni se escucha. Tienes que cerrar los ojos y te llena, como una lluvia de primavera. Sin nada a cambio. Y si eres lo suficientemente atento, lo suficientemente callado, chuttt... Entonces lo notas. Lo notas? Llega claro y crudo como la luz del día, en un grito. En un llanto. Como si cayeras del cielo. Y te bañaras en aire. Llega en una caricia. La primera. Un beso. El mas bonito, el mas tierno. El que no se olvida nunca aunque se tenga muy mala memoria. El que te transforma en Amor.

 

Erase una vez la luna y el sol. La luz y la oscuridad. La calma y el alboroto. El hambre y las risas. Erase una mirada que construyó un mundo, entre parpadeos y sueños. Un mundo Único como un tesoro al que nadie da mucho valor. El Único que se pueda de verdad poseer. El Único que queda cuando se naufraga. Hasta cuando la esperanza se va de paseo para no volver, hasta cuando el universo nunca pareció tan lindo. Es un tesoro que vas conquistando poco a poco, en cada suspiro. No siempre brilla pero reluce en tus ojos cada vez que los abres.

 

Eranse las miradas tiernas, el gusto naranja de la leche. Los sonidos extraños que salen de esos seres grandes que te rodean dulcemente y te llevan, entre canciones y caricias, hasta sus estrellas. Los momentos placidos como sábanas blancas. Los colores brillantes que dan vueltas y se parecen a los cometas. Los tambaleos de un mundo que gatea. ¡Que frías están las patas de la mesa! ¡Que alta parece la vida cuando tus piernas te levantan por encima de ella! Y cuando cada movimiento es una conquista, es cuando te conviertes en pirata de bañera.

 

Entonces de repente, de tus labios aparece una música que no conocías. Y te transformas en alquimista. En un malabarista. Y esa música hace reír y llorar al mundo que te rodea. ¿Será eso lo que llaman magia? Te gustará como suena. Ya verás. Sus notas vibran en tí como chispitas y caen como chocolate caliente. Es tu música. Tu melodía, tu cacofonía. Solo el silencio te la podrá robar, con manos de terciopelo.

 

Erase una vez un castillo lleno de sonrisas. Está lleno de mesitas donde se sientan duendecitos gritones. Cada uno de ellos es un extraño pero te das cuenta que llevan la misma luz que tu en la mirada. Entonces te acercas a uno y le tiendes lo que más te gusta. Y sabes que desde este mismo momento no querrás estar lejos de él. Porque es tu duendecillo favorito. El que se ríe contigo y llora cuando te haces daño. El que sabe. El que tiene su nombre escrito junto al tuyo en la pared de tus recuerdos. No importa como es. Si es feo o bonito, te da igual. El conoce tus canciones. Y lo querrás aunque el sol se ponga, y se levante, y se vuelva a poner, y vuelva a levantarse. Aunque poco a poco tu duendecillo vaya transformándose como te transformas tu, en príncipe valiente, en bandido del patio, en caballero sin caballo. Porque con el descubres que los monstruos no tienen porque tener una joroba, y los malos no siempre llevan bigote. Y que a la isla del tesoro se llega con barcos imaginarios, cabalgando nubes de algodón.

 

Erase una vez unos ojos. Azules como el mar o negros como la noche. Pequeños o grandes. Pero los más bonitos de tu creación. De los que se bucea en ellos y uno se pierde en un abrir y cerrar de esos ojos. No es magia pero casi. No hace frío pero te tiemblan las rodillas. No es fiebre pero hará calor de verano. No es un sueño pero va más allá de lo que nunca viste. Y te morirás por no morirte. Sus notas llegaran hasta tí en una cascada de fresas, con aroma de vainilla. Sabrás entonces que las princesas no están encerradas en  torres de marfil, cosiendo. Sino que son ellas que, con solo mirarte a los ojos, te despiertan. Y te perderás en sueños de caballos blancos, que tendrán la suavidad de la piel, como una mantita para el alma. Pero cuidado. Cuando, como por inadvertencia, sus labios toquen tu corazón, no podrás escapar. Sabrás que, cuanto más espacio haya entre ella y tu, más te costará respirar. Que su música será la Única que te recordará el cantar de las fuentes, el sonido de tus alegrías. Viajarás entre bosques. Y no querrás dormirte porque mientras duermas no podrás oírla vivir. Te llevará a un país extraño. Donde las risas son más altas que las montañas y donde las heridas no se curan con tiritas. Donde el tiempo se detiene o pasa volando, entre cascabeles. Donde el sol y la luna se vuelven más bonitos o más sombríos. Donde la duda tiene una casita de galleta con una chimenea que humea, en medio del bosque. Donde los pájaros hablan del resto del mundo pero no los podrás escuchar. Donde los vagabundos son reyes y los reyes, emperadores. Donde cada cambio es una risa. Entonces ya no oíras la voz de tu pasado y encontrarás la sabiduría en rincones recónditos del mar.

 

Erase una vez un camino. Largo. Tan largo que se pierde y se divide justo cuando toca el horizonte. Al final de ese camino está lo que siempre has soñado. Lo que más deseas. Tus apetitos prohibidos y tus dioses verdes. Tus victorias. Entonces haces el primer paso, con gran esfuerzo, sin botas de siete leguas. Pero antes tienes que escoger entre una flor y una roca. Entre una mariposa o un árbol. Y eso te duele tanto que se te rompe la risa. Que tus miradas se hacen nostalgia. Y si decides coger el camino, descubres que hay hombres de varios sueños. Que hay vidas que florecen y mueren a la sombra de árboles desconocidos. Que las sensaciones viajan contigo como las perlas de tu collar. Que eres un explorador en un mundo que ya conocías. Y sigues el camino sin mirar hacia atrás pero poco a poco te das cuenta que no es recto sino que es una curva muy suave que te lleva hasta el mismo punto en que partiste, hasta tu flor y tu roca. Pero estas se han transformado en una montaña de nieves eternas y un campo de margaritas plateadas. Y sabes que el camino hubiese sido igual de largo si no lo hubieras andando.

 

Erase una vez tu primer grito. Y el primer beso que dejé caer sobre tu rostro. El más bonito. El que recordaré siempre aunque mi memoria no sea muy buena. El que me transformó en amor, en el más maravilloso de los magos, porque donde había la nada ahora hay vida. Y mi mundo gateará contigo, se tambaleará agarrado a las patas frías de las mesas para alzarse, poderoso, sobre tus piernecitas fuertes. Y luego, con esa música solo tuya, con esa alquimia me preguntarás, haciéndome creer por un momento en princesas y caballeros, en duendes y en caminos, en flores y en rocas.

¿Me cuentas un cuento?

 

Y como yo, con una sonrisa, no lo creerás.

Hasta que lo vivas.

 

Oriol

Última modificación ( 19-05-2004 )