| HASTA QUE LO VIVES de Oriol. (cuento). |
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Te voy a contar un cuento.
No
es un cuento cualquiera. Es un cuento solo para tí. Es uno que no tiene
forma ni color, ni principio ni final. No se lee ni se escucha. Tienes
que cerrar los ojos y te llena, como una lluvia de primavera. Sin nada
a cambio. Y si eres lo suficientemente atento, lo suficientemente
callado, chuttt... Entonces lo notas. Lo notas? Llega claro y crudo
como la luz del día, en un grito. En un llanto. Como si cayeras del
cielo. Y te bañaras en aire. Llega en una caricia. La primera. Un beso.
El mas bonito, el mas tierno. El que no se olvida nunca aunque se tenga
muy mala memoria. El que te transforma en Amor.
Erase
una vez la luna y el sol. La luz y la oscuridad. La calma y el
alboroto. El hambre y las risas. Erase una mirada que construyó un
mundo, entre parpadeos y sueños. Un mundo Único como un tesoro al que
nadie da mucho valor. El Único que se pueda de verdad poseer. El Único
que queda cuando se naufraga. Hasta cuando la esperanza se va de paseo
para no volver, hasta cuando el universo nunca pareció tan lindo. Es un
tesoro que vas conquistando poco a poco, en cada suspiro. No siempre
brilla pero reluce en tus ojos cada vez que los abres.
Eranse
las miradas tiernas, el gusto naranja de la leche. Los sonidos extraños
que salen de esos seres grandes que te rodean dulcemente y te llevan,
entre canciones y caricias, hasta sus estrellas. Los momentos placidos
como sábanas blancas. Los colores brillantes que dan vueltas y se
parecen a los cometas. Los tambaleos de un mundo que gatea. ¡Que frías
están las patas de la mesa! ¡Que alta parece la vida cuando tus piernas
te levantan por encima de ella! Y cuando cada movimiento es una
conquista, es cuando te conviertes en pirata de bañera.
Entonces
de repente, de tus labios aparece una música que no conocías. Y te
transformas en alquimista. En un malabarista. Y esa música hace reír y
llorar al mundo que te rodea. ¿Será eso lo que llaman magia? Te gustará
como suena. Ya verás. Sus notas vibran en tí como chispitas y caen como
chocolate caliente. Es tu música. Tu melodía, tu cacofonía. Solo el
silencio te la podrá robar, con manos de terciopelo.
Erase
una vez un castillo lleno de sonrisas. Está lleno de mesitas donde se
sientan duendecitos gritones. Cada uno de ellos es un extraño pero te
das cuenta que llevan la misma luz que tu en la mirada. Entonces te
acercas a uno y le tiendes lo que más te gusta. Y sabes que desde este
mismo momento no querrás estar lejos de él. Porque es tu duendecillo
favorito. El que se ríe contigo y llora cuando te haces daño. El que
sabe. El que tiene su nombre escrito junto al tuyo en la pared de tus
recuerdos. No importa como es. Si es feo o bonito, te da igual. El
conoce tus canciones. Y lo querrás aunque el sol se ponga, y se
levante, y se vuelva a poner, y vuelva a levantarse. Aunque poco a poco
tu duendecillo vaya transformándose como te transformas tu, en príncipe
valiente, en bandido del patio, en caballero sin caballo. Porque con el
descubres que los monstruos no tienen porque tener una joroba, y los
malos no siempre llevan bigote. Y que a la isla del tesoro se llega con
barcos imaginarios, cabalgando nubes de algodón.
Erase
una vez unos ojos. Azules como el mar o negros como la noche. Pequeños
o grandes. Pero los más bonitos de tu creación. De los que se bucea en
ellos y uno se pierde en un abrir y cerrar de esos ojos. No es magia
pero casi. No hace frío pero te tiemblan las rodillas. No es fiebre
pero hará calor de verano. No es un sueño pero va más allá de lo que
nunca viste. Y te morirás por no morirte. Sus notas llegaran hasta tí
en una cascada de fresas, con aroma de vainilla. Sabrás entonces que
las princesas no están encerradas en torres de
marfil, cosiendo. Sino que son ellas que, con solo mirarte a los ojos,
te despiertan. Y te perderás en sueños de caballos blancos, que tendrán
la suavidad de la piel, como una mantita para el alma. Pero cuidado.
Cuando, como por inadvertencia, sus labios toquen tu corazón, no podrás
escapar. Sabrás que, cuanto más espacio haya entre ella y tu, más te
costará respirar. Que su música será la Única que te recordará el
cantar de las fuentes, el sonido de tus alegrías. Viajarás entre
bosques. Y no querrás dormirte porque mientras duermas no podrás oírla
vivir. Te llevará a un país extraño. Donde las risas son más altas que
las montañas y donde las heridas no se curan con tiritas. Donde el
tiempo se detiene o pasa volando, entre cascabeles. Donde el sol y la
luna se vuelven más bonitos o más sombríos. Donde la duda tiene una
casita de galleta con una chimenea que humea, en medio del bosque.
Donde los pájaros hablan del resto del mundo pero no los podrás
escuchar. Donde los vagabundos son reyes y los reyes, emperadores.
Donde cada cambio es una risa. Entonces ya no oíras la voz de tu pasado
y encontrarás la sabiduría en rincones recónditos del mar.
Erase
una vez un camino. Largo. Tan largo que se pierde y se divide justo
cuando toca el horizonte. Al final de ese camino está lo que siempre
has soñado. Lo que más deseas. Tus apetitos prohibidos y tus dioses
verdes. Tus victorias. Entonces haces el primer paso, con gran
esfuerzo, sin botas de siete leguas. Pero antes tienes que escoger
entre una flor y una roca. Entre una mariposa o un árbol. Y eso te
duele tanto que se te rompe la risa. Que tus miradas se hacen
nostalgia. Y si decides coger el camino, descubres que hay hombres de
varios sueños. Que hay vidas que florecen y mueren a la sombra de
árboles desconocidos. Que las sensaciones viajan contigo como las
perlas de tu collar. Que eres un explorador en un mundo que ya
conocías. Y sigues el camino sin mirar hacia atrás pero poco a poco te
das cuenta que no es recto sino que es una curva muy suave que te lleva
hasta el mismo punto en que partiste, hasta tu flor y tu roca. Pero
estas se han transformado en una montaña de nieves eternas y un campo
de margaritas plateadas. Y sabes que el camino hubiese sido igual de
largo si no lo hubieras andando.
Erase
una vez tu primer grito. Y el primer beso que dejé caer sobre tu
rostro. El más bonito. El que recordaré siempre aunque mi memoria no
sea muy buena. El que me transformó en amor, en el más maravilloso de
los magos, porque donde había la nada ahora hay vida. Y mi mundo
gateará contigo, se tambaleará agarrado a las patas frías de las mesas
para alzarse, poderoso, sobre tus piernecitas fuertes. Y luego, con esa
música solo tuya, con esa alquimia me preguntarás, haciéndome creer por
un momento en princesas y caballeros, en duendes y en caminos, en
flores y en rocas.
¿Me cuentas un cuento?
Y como yo, con una sonrisa, no lo creerás.
Hasta que lo vivas.
Oriol |












