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arrow Presentacion arrow Documentación arrow Artículos arrow LA NOCHE OSCURA DEL ALMA   sábado, 04 de febrero de 2012

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LA NOCHE OSCURA DEL ALMA Imprimir E-Mail

Artículo aparecido en la página de Kiara Windrider,  www.kiarawindrider.com

En la  iluminación hay muchos grados...

En la iluminación hay muchos grados.  Bhagaván se refiere a la iluminación como hacer un agujero en la muralla de la mente, una muralla que nos mantiene separados de la experiencia directa de la divinidad.  Hacer el agujero inicial es el primer paso en el viaje de la iluminación.   Mientras más grande es el agujero, más profundo es el estado de unidad que experienciamos.  Cuando la muralla desaparece completamente ya no hay más separación entre uno mismo, la naturaleza, la creación, y Dios.

 

Para algunos, como Ramana Maharshi, la muralla desaparece completamente en un momento.  Sin embargo, para la mayoría de la gente, es un proceso gradual.  Si la muralla se derrumba repentinamente se hace difícil para la persona funcionar en el mundo normal, y así, en la mayoría de los casos,  se requiere un proceso más lento.  Aparece un pequeño agujero, el cual crece con el tiempo a medida que el cuerpo físico se ajusta a los cambios en la energía y la percepción.  El “deeksha” es uno de los caminos por  el cual este agujero puede ser creado.

 

 El crecimiento gradual de este agujero en la muralla es, a menudo, acompañado por lo que podríamos llamar “la noche oscura del alma”.  Nuestro sentido de identidad como un “yo” fijo y separado del resto del universo es una peculiaridad del cerebro humano, el cual comienza un proceso de cambio cuando recibe Deeksha .  La noche oscura del alma es, simplemente, una metáfora para la disolución de este sentido de identidad separada.

 

La mayoría de nosotros estamos más apegados a nuestras propias identidades de lo que nos damos cuenta.  Nuestras historias personales, personalidades psicológicas, roles sociales, y el propósito en la vida, son todos derivados de la idea de un yo fijo.  Nuestra búsqueda de significado en el universo está basada en un sentido de identidad personal.  ¿Con qué nos quedaremos cuando esto comience a disolverse? ¿Quiénes seremos cuando ya no seamos distinguibles  como un yo fijo y separado?

 

Mientras más apegados estemos a nuestra experiencia de un yo personal, puede ser más devastador cuando reconozcamos que esto es meramente una ilusión proyectada por el cerebro humano.  El “ego”, el cual es sólo otro término para el yo personal, lanza todo tipo de resistencias en respuesta a lo que él percibe como su muerte inminente.  Todas nuestros “asuntos” emocionales surgen a medida que los viejos patrones de auto-preservación psicológica se mueven a la superficie.  Un sentido de oscuridad existencial prevalece en la psiquis.  Todos nuestros sistemas de vida que nos sostienen, incluyendo nuestros argumentos y cimiento “espiritual”, comienzan a decaer.  Nuestra “fe” en Dios, la cual es,  muy a menudo, el substituto del ego para una experiencia directa de la divinidad, comienza a caerse en pedazos.

 

Sin embargo, la noche oscura no tiene que ser dolorosa o difícil.  Es así sólo cuando existe un apego extremo a la ilusión de una identidad fija y separada.  Todos  los temores, eventualmente, se reducen al temor a la disolución, al temor a la muerte.  Una vez que comienza el proceso de iluminación, y  nos abrimos a la realización de que el yo que muere es en sí mismo una ilusión, el viaje se transforma en algo suave y apasionante.  Entramos en un lugar de misterio, dejando ir nuestros temores y expectativas, llevados por grandes vientos a través del firmamento.

 

En los círculos esotéricos, generalmente se hace referencia a este proceso como la “iniciación del alma”.  Se dice que este es el proceso por el que todos los iniciados deben pasar antes de llegar al florecimiento de sus divinidades.  Puede ser simbolizado como un proceso de muerte y renacimiento.  Lo que muere es el ego.  Lo que nace en su lugar es una divinidad interior que emerge desde el conocimiento de que todo es un flujo de unidad.  El mismo Jesús pasó por este proceso en los “40 días  en el desierto” que precedieron su ministerio público, el cual lo dejó en el estado de permanente unión divina.

 

Este viaje a través de la noche oscura no puede ser medido en tiempo lineal.  Ya sea que dure momentos o años depende enteramente de nuestra disposición de atravesar la muerte del ego.  Paradójicamente, esta muerte sucede, en primer lugar, una vez que entendemos que nunca existió un yo separado.  Es simplemente una re-organización de percepción la cual abre el paso necesario para que nuestra verdadera naturaleza se exprese.  Reconocemos que somos, y que siempre hemos sido, simplemente un flujo de conciencia que se expresa momento a momento en el teatro que llamamos vida.

 

Una vez que ocurre esta realización, acompañada por un cambio en la estructura neurobiológica del cerebro humano, nos establecemos en un estado de maestría.   Ya no hay más espacio para la separación o el juzgamiento en nuestra percepción de la vida.  La sincronicidad se transforma en nuestra experiencia diaria.  Los milagros suceden a todo nuestro alrededor  ya que no estamos más restringidos a una percepción lineal de la realidad.  Establecemos un campo de resonancia armónica a todo nuestro alrededor, lo que se convierte en algo contagioso.  Desaparece la necesidad del drama psicológico o del sufrimiento existencial.  Irradiamos belleza y dicha a todas partes donde vamos, simplemente porque ya no somos capaces de experimentar o expresar algo distinto.

 

Para muchos de nosotros, esta realización aún permanece en el futuro.  Sin embargo,  conocer el final hace el camino más fácil.  Saber que existe un amanecer radiante al final de la noche lo hace parecer , de alguna manera, más corto.  Y finalmente, una vez que despertamos, realizamos que la larga noche oscura fue una ilusión, ¡como nuestros sueños al dormir descubren su irrealidad en la luz del día! Última modificación ( 26-04-2006 )