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INMUNIDAD
Etimológicamente INMUNIDAD significa “ exento de
cargos” y a todos nos gustaría estar exentos de enfermedades por
inviolabilidad de nuestro medio interno. Antes este privilegio se
adquiría progresivamente gracias a la experiencia individual del
contacto con el mundo, actualmente se ha convertido en un derecho y un
deber colectivo gracias aparentemente a las vacunas que garantizan la
seguridad sin esfuerzo ni contrapartida.
Hemos perdido confianza en nuestras propias facultades de aprendizaje y de discriminación.
Actualmente estar inmunizado es sinónimo de estar vacunado.
Desgraciadamente
este sistema de defensa que consiste en la “lucha sin piedad entre los
buenos anticuerpos y los malos microbios ” es muy a menudo
insuficiente, ya que tolera y favorece la circulación de informaciones
microbianas.
¿No será que esta apertura al mundo es en realidad la función principal de la inmunidad?
¿Qué deseamos, combatir o compartir? ¿rechazar o asimilar?
¿La inmunidad es un sistema de defensa o un sistema de comunicación?
ELIMINAR : un sistema de defensa
¿Por qué elegimos la erradicación y no la
asimilación? ¿no es sorprendente que la erradicación es el fundamento
de todos los racismos, este verdadero cáncer del alma nacido del miedo,
generando violencia e intolerancia? Si vivimos la vida como una
perpetua lucha, entonces el sistema inmunitario también lo percibimos
como un ejército destinado a protegernos de una multitud de enemigos
que no cesa de atacar nuestro territorio.
Pero con esta visión de
guerra sin piedad entre los malos microbios y los buenos anticuerpos,
los científicos (Pasteur y Koch) se hallan perdidos frente a otros
elementos virtuales o invisibles que entran en juego, como son el
sistema nervioso, sistema endocrino, sistema bacteriano, la vida
espiritual, psíquica y emocional del individuo en cuestión, y mucho más
allá frente a todos los seres que formamos la gran sociedad planetaria
y todo el Universo visible e invisible ¡!
Frente a todo esto el
inmunólogo que ha sido formado programado y remunerado para conformarse
a los dogmas, solo puede interpretar cueste lo que cueste,
objetivamente, solamente lo que ve ante sus ojos.
El drama de la
Inmunologia es que apareció justo después de las vacunas y fue
estudiada y analizada al servicio de las vacunas, sin tener en cuenta
la fase cognitiva del sistema inmunitario que es la más importante y
que fue ignorada o ocultada.
.... O ASIMILAR : un himno a la unidad?
Pero hay otras maneras de ver este fenómeno.
El
ser vivo es un sistema abierto, ávido de informaciones, creador de
orden y dotado de múltiples memorias, que se construye y se destruye
sin cesar, renovando los elementos que lo constituyen a fin de mantener
su forma y desarrollar su conciencia.
El ser vivo ES una memoria que
comunica. Portador de informaciones innatas y específicas de su
especie, recibe e integra las energías que lo rodean : emociones y
vibraciones quánticas, calor, luz, sonidos, los movimientos del aire y
del agua, las sustancias nutritivas, las bacterias y los virus. En este
conjunto el sistema inmunitario garantiza la progresión del proceso de
individualización. Entonces el ser se adapta, transforma, elimina,
rechaza, gracias a los distintos filtros que constituyen la inmunidad.
Y la inmunidad ante todo es un sistema ultraperfeccionado de
comunicación biosférica en el cual los microbios son los factores
privilegiados. El antígeno ya no es un enemigo sino un “mensaje” para
descodificar y es muy probable que los microbios patógenos solamente
intervengan en la fase de curación para restablecer las estructuras
dañadas.
Vamos a proponer otra versión de
INMUNIDAD como HIMNO A LA UNIDAD y viéndola asi, quizás podremos captar
el sentido de otra palabra clave que es la tolerancia.
El niño, desde que nace hasta los siete
años construye su individualidad, empezando por su cuerpo físico que
será el vehículo de su vida emocional, mental y espiritual. Al
principio de su vida, el niño no se diferencia y aún menos se opone a
esta fusión total con su madre y con el universo. Para llegar a ser un
individuo con la autonomía que lo caracteriza y que es la base de la
libertad, debe aprender progresivamente a concebir los límites entre él
y el resto del Universo. Estos límites los percibe gracias a la piel y
a la activación sucesiva de sus órganos sensoriales durante la vida
fetal, ya que son una zona de encuentro e intercambio.
Concebir
estos límites, implica vivir la separación que es el sufrimiento primal
y la causa principal del miedo. Para llegar a ser un individuo autónomo
debemos afrontar el miedo de la separación. La principal función del
sistema inmunitario es permitir que se cumpla esta diferenciación y su
maduración sigue las grandes fases del desarrollo del niño.
Etapas de la individualización :
- diferenciar , es decir, establecer una frontera entre el medio interno y el medio
externo. Percibir el mundo exterior para poder separarse de él. Percepción y
separación están íntimamente unidos y en relación con la antipatía que es el
fundamento de la dualidad.
¿Qué hace un niño frente a un desconocido? Su primera reacción es la desconfianza o
rechazo y va a refugiarse bajo las faldas de su madre o el pecho. ¿Esto quiere decir
que el desconocido en cuestión es enemigo peligroso para él? De ninguna manera,
esto solo es una etapa en su camino de diferenciación. Y veremos que el sistema
inmunitario reacciona del misma modo.
-
asimilar, para ello hay que abrirse, aceptar el encuentro, el diálogo y
el intercambio, lo cual constituye un gesto de simpatía que es el
fundamento de la unidad en la complementaridad. El niño es curioso por
naturaleza, si el desconocido no es agresivo, si la madre sabe
discernir y no ve enemigos por todas partes, el niño poco a poco va a
tomar confianza, buscar el contacto y cambiar su repulsión en
atracción, porque son solamente estos intercambios los que enriquecerán
su mundo interno.
El sistema inmunitario hace lo mismo, sino no habría ninguna posibilidad de evolución.
Lo que no se “digiere”, no se dice o no se gestiona físicamente o psíquicamente, antes o después generara una patología.
Estas dos etapas son complementarias y
son la manifestación unificada de la polaridad. El alma humana siempre
está dividida entre el deseo de confundirse con lo que lo envuelve
(fusión , simpatía) o el replegarse sobre si mismo (separación,
rechazo, antipatía ). Probablemente el papel del sistema inmunitario
sea equilibrar estas dos tendencias durante la vida del individuo.
“La
actividad del sistema inmunitario es cognitiva, la percepción del
extranjero y de mi mismo, es el mismo proceso : cuando percibo al
extranjero fuera de mi, en mi interior se desarrolla una actividad que
busca la otra parte de él en mi. Este Otro se busca en mi despertándome
al conocimiento de mi mismo”. A cada encuentro con el Otro un aspecto
de mi es identificado y reconocido. A cada encuentro con el mundo de
los microbios, el sistema inmunitario activa el despertar y el
aprendizaje de una nueva facultad. Es lo mismo que sucede en las
enfermedades infantiles. De igual manera mi sistema inmunitario refleja
perfectamente quien soy yo en cada instante y de que manera estoy en el
mundo. Si no quiero percibir ni integrar al Otro, no puedo reconocerme
ni diferenciarme yo mismo. La vacuna impide establecer esta relación y
a partir de aquí, este mundo desconocido me sorprende y me irrita
(alergias) e ignorándome a mismo tengo muchas posibilidades de
autodestruirme ( enfermedades autoinmunes).
Todo parece mostrar que
la humanidad en su proceso colectivo de madurez aún no ha superado la
primera etapa, la antipatía, lo que nos lleva a la lucha de opuestos
irreconciliables ya que no son percibidos como complementarios.
Y viéndolo de esta manera el mundo médico es el reflejo fiel del mundo social.
Dinámica de la inmunidad
“Los microbios no empiezan a trabajar
hasta que nuestro organismo no les da la orden precisa, y esta viene
del cerebro. Dr.R.G. Hamer”
La inmunidad es un extraordinario sistema
de cooperación celular. Células, tejidos y órganos que comunican entre
ellos para acoger, filtrar, seleccionar, guardar o eliminar gran
cantidad de información procedente del medio externo. Las células
implicadas son los macrófagos, los linfocitos T y los linfocitos B,
activados por un antígeno que normalmente está codificado por un ADN
extranjero. La proteína actúa como una señal que atestigua la
existencia de un mensaje inédito que habrá que descodificar.
Las células inmunitarias son móviles,
engendradas, educadas y activadas en el Sistema Retículo Endotelial o
SRE, que incluye la sustancia intersticial que es donde bañan las
células, el bazo, los ganglios linfáticos, el timo y la médula ósea.
Por su riqueza en silicio el SRE es un “verdadero cristal vivo e
interiorizado”, y gracias a éste silicio el SRE está dotado de
cualidades muy particulares tales como la percepción, la memoria, la
decisión, el pasar al acto, que evocan todas un proceso consciente.
¿Dónde esta el corazón de este sistema? Por todas partes y en ningún
lugar. Por tanto vamos a ver que la base de la inmunidad se sitúa a
nivel de las mucosas y particularmente la del intestino que constituye
la mayor superficie de contacto físico del individuo con el Universo.
El
sistema inmunitario reacciona primero a nivel de las mucosas, después
viene la inmunidad celular y finalmente la inmunidad humoral (de los
líquidos). Y del buen funcionamiento de cada etapa dependerá el buen
funcionamiento de las siguientes.
La enfermedad infantil es el
modelo ideal de cómo se desarrolla en tres fases una infección
destinada a favorecer nuestra evolución, ya que en los niños menores de
7 años son los microbios que permiten la maduración de los tres grandes
sistemas de regulación : nervioso, endocrino et inmunitario, reunidos
en un sistema de “adaptación primal”. A estos tres sistemas de base les
debemos añadir el sistema bacteriano constituido notablemente por
floras simbióticas alojadas en las cavidades huecas que están tapizadas
por mucosas. Estos sistemas están interconectados formando un conjunto
perfectamente integrado y abierto a su entorno. A partir de aquí lo que
instruye a uno instruye a los otros tres, y lo que agrede a uno agrede
a los otros tres. A modo de ejemplo, un antibiótico destruye la flora
intestinal y al mismo tiempo perturba el psiquismo, la inmunidad y el
equilibrio hormonal.
Podemos razonar igualmente con las
hormonoterapias intempestivas (píldora) con los tratamientos
neurolépticos, con un estrés emocional o debido a una vacunación. Cada
vez es todo el conjunto biológico que está afectado y que se
desestabiliza, a menudo alterándose irremediablemente. La maduración de
este conjunto del sistema de adaptación primal sigue las grandes etapas
de aprendizaje del niño : sentado, gateando, de pie, la comunicación ,
la socialización, las enfermedades infantiles, la pubertad,.....
mientras estos sistemas permanecen inmaduros es el entorno y sobretodo
la madre quien garantiza la inmunidad del niño. Al principio gracias a
la placenta y a la leche materna, después a la educación que lo protege
y acompaña en sus etapas de diferenciación. Si realmente los microbios
son los grandes instructores del futuro ser, hay que controlar su
acción rigurosamente desde la activación inicial a la desactivación
final. Este es el papel del sistema inmunitario que es un mecanismo muy
elaborado de modulación del trabajo microbiano.
Frente a una información antigénica
procedente del medio externo, los tres filtros del sistema inmunitario
deben franquearse sucesivamente y en un orden preciso del exterior
hacia el interior.
1/ Primer filtro : la piel y las mucosas
son las únicas superficies operativas desde el nacimiento hasta los 7
años aproximadamente. Este filtro será el maestro de obra de la
inmunidad iniciada en la infancia y activada más adelante al principio
y durante la fase de incubación de la “enfermedad” infecciosa. Es la
fase más importante del proceso inmunitario ya que es aquí donde se
discrimina entre lo que puede enriquecer el medio interno, o lo que
debe ser eliminado.
2/ Segundo filtro : la inmunidad celular
con los linfocitos T se inicia en las mucosas y se activa en la fase
eruptiva de la enfermedad, en el momento donde se efectúa el trabajo
microbiano y la eventual reprogramación del ADN. Se acompaña de fiebre
e inflamación que favorecen esta etapa, que es la primera considerada
por la inmunología clásica.
3/ Tercer filtro : la inmunidad humoral
con los linfocitos B productores de anticuerpos. Iniciada por los
linfocitos T durante la fase terminal del encuentro. De lo que se trata
es de limpiar el terreno del SER, eliminando los desechos y los
gérmenes inútiles que aún están en circulación. Esta etapa final y
facultativa es la única que se tiene en cuenta en la vacunología
obsesionada por la producción de anticuerpos.
Si observamos rigurosamente la acción
global del sistema inmunitario, lo podremos comparar con las tres fases
del metabolismo bien perceptibles en los procesos nutritivos :
asimilación inmediata o almacenamiento de lo que nos es benéfico
(linfocitos T-4), eliminación de desechos inútiles o perjudiciales
(linfocitos T-8 y B), por lo tanto según la versión oficial se trata de
las tres líneas de defensa comparables a las murallas sucesivas de un
castillo, desde la piel al exterior hasta la célula y el ADN que se
encuentra en su interior. Lo único que cuenta es rechazar o destruir lo
que es extranjero, como en los casos de autismo y anorexia.
Para
nosotros estas murallas solo son filtros para recoger e interpretar la
información antes de transmitirla al ADN. Es un proceso nutritivo con
“buen apetito” durante el cual el sistema inmunitario recoge todas las
informaciones (filtro 1), memoriza lo que es útil para la continuidad
de la vida y de la evolución (filtro 2), elimina o destruye lo que es
superfluo o que puede ser nefasto para el buen funcionamiento del
conjunto (filtros 2 y 3). Cuando se activa un germen “patógeno” hay un
control muy estricto, aunque esta versión no tiene nada que ver con la
versión de la inmunología clásica y la vacunología, que ignoran
completamente los aspectos benéficos de este encuentro durante las
fases de asimilación y utilización de las informaciones, quedándose y
favorizando solamente las fases de destrucción.
Primera línea
El sistema de mucosas – Fase de incubación
Según la versión oficial : “naturalmente
disponemos de murallas y de aliados preciosos que se oponen a las
bacterias y a los virus y muy a menudo los eliminan: la piel, las
mucosas y diversas secreciones como la saliva y las lágrimas
constituyen auténticas barreras para las infecciones, como en una
guerra de trincheras” (La carta del Institut Pasteur).
Según esta versión, la piel y las mucosas
constituyen barreras mecánicas infranqueables para los gérmenes
“patógenos”, hacia el medio interno. Esto no es falso pero a condición
que el niño haya sido amamantado, y con una reserva importante : estas
superficies de contacto no constituyen un obstáculo permanente sino una
superficie de intercambio de cerca de 400 m2 cuyo papel es el de
filtrar y transformar las informaciones del medio externo (No Yo) para
volverlas inofensivas y comprensibles a los sistemas reguladores que
progresivamente construyen al individuo (el YO).
Los bebes tienen el sistema inmunitario
indiferenciado e inmaduro. Su construcción seguirá las grandes etapas
del desarrollo, la conciencia de Si a los tres años, las enfermedades
infantiles que van del destete a los siete años, y más tarde la
pubertad y la madurez emocional y social. En el niño los filtros
protectores están situados en la periferia de su cuerpo, y su función
es la de establecer límites objetivos de Si Mismo. La piel y las
mucosas constituyen la primera línea de separación / identificación. Y
en el momento del contacto con una información antigénica procedente
del medio externo, se activan inmediatamente. La organización y el
funcionamiento correcto de esta primera línea está condicionada por la
lactancia materna y la educación. Y el buen funcionamiento de este
primer filtro condiciona completamente la organización y el
funcionamiento de los dos filtros siguientes. Estas nociones tan
sencillas nos muestran que las vacunas durante el periodo primal son
una agresión considerable para el sistema inmunitario. ¿Cómo puede
captar y asimilar una información inmunitaria tan compleja inoculada
directamente en su medio interno, un niño que no sabe ni andar, ni
hablar? ¿Podríamos obligar a un niño de 1 año a correr los 100 metros
libres, o a uno de 3 años a leer “La crítica de la razón pura”?.
La placenta pertenece al bebe y lo separa
de su madre (diferenciación). La placenta manipula la fisiología de la
madre para asegurar el buen desarrollo del feto. Filtra las
informaciones y separa lo que será digerido de lo que será rechazado.
Al nacer, al cortar el cordón, perdemos este “gemelo uterino”y salimos
hacia el mundo de los microbios. El intestino del recién nacido es
completamente permeable y virgen de toda flora simbiótica, no tiene
ninguna estructura inmunitaria. Si no se controlaran los microbios del
ambiente podrían invadir su cuerpo inmaduro provocando fenómenos
perjudiciales para el futuro o daños irremediables. Es la leche materna
que lo protege tomando el relevo del filtro placentario. La primera
leche o calostro no es realmente un alimento, es un concentrado de
células y moléculas inmunitarias fabricadas por la madre, y sobretodo
de anticuerpos especiales llamados inmunoglobulinas A, (Ig A), que
tapizan las mucosas. La mucosa intestinal de la madre fabricara los
linfocitos necesarios según los microbios del ambiente, programando la
síntesis de Ig A correspondientes. Desde el intestino estos
linfocitos-memoria migran por las vías linfática y sanguínea hacia la
glándula mamaria donde se produce la síntesis de estos anticuerpos
“secretores” (unos 20 gr por litro de leche). En el momento de la
primera toma, que debería producirse en la primera hora de vida, estos
anticuerpos de superficie recubrirán la mucosa intestinal del bebe,
después emigran por vía linfática y sanguínea para tapizar todas las
mucosas y sobretodo la frágil mucosa respiratoria. Esta primera toma
impide instantáneamente la penetración intempestiva de antígenos
extranjeros alimentarios o microbianos a través de las mucosas del
bebe. Estas Ig A también llamadas antígenos “reflejos” se adaptan
perfectamente a los microbios que rodean a la madre y al niño. El niño
no precisa ninguna vacuna porque está totalmente protegido por la leche
materna.
El calostro contiene también sustancias que
impermeabilizan la mucosa intestinal y permiten la puesta en marcha de
una flora láctica, la cual interviene en la maduración de la inmunidad
propia del niño. El conjunto de este proceso muestra hasta que punto la
lactancia materna es la mejor garantía de la protección del bebe, y el
primer paso para instalar solidamente la inmunidad después del destete.
Los venenos alimenticios o medicamentosos siguen el mismo camino a
partir de la mucosa intestinal, por eso no es extraño que las
disfunciones digestivas provoquen alteraciones respiratorias, cutáneas,
urogenitales, articulares y mentales por difusión de toxinas.
La iniciación de la inmunidad en el niño
nos permite entrever la función de la piel y sobretodo de las mucosas
con sus floras simbióticas y sus estructuras linfoides.
La mucosa
intestinal es fundamental y durante toda la vida sigue siendo la base
del sistema inmunitario. El sistema de mucosas tapiza todas las
cavidades huecas del organismo que están en contacto con el medio
externo (intestino, vejiga, bronquios y vagina), estos órganos huecos
albergan una flora simbiótica muy abundante cuya actividad metabólica
global es equivalente a la del hígado, a la actividad endocrina e igual
a la del cerebro. Estos microbios domésticos tienen un gran poder
inmunitario, una parte de ellos controla rigurosamente todo el conjunto
de gérmenes llamados “patógenos”, que siempre están presentes aunque
inactivos mientras no haya un estrés y que el cerebro no les pida su
activación, su proliferación y su acción reguladora. También aseguran
la iniciación y la maduración de estructuras linfoides asociadas a las
mucosas, que representan el 50% de los linfocitos, y que tomarán el
relevo en la transferencia de la información. Nuestra salud depende de
estos minúsculos comensales y la mínima perturbación de su ecosistema
conlleva un desorden generalizado, inmunitario, nervioso, endocrino y
psíquico. El estrés en todas sus formas, los miedos, la ansiedad
crónica, la alimentación industrial (pesticidas, conservantes,
colorantes, metales pesados, cocción en el microondas,....), la
quimioterapia (vacunas, antibióticos, vermífugos químicos,
antiinflamatorios, corticoides, ....) perturban realmente las frágiles
floras asociadas a ellas.
Versión oficial “una vez atravesadas las
barreras, distintas legiones celulares intervienen. En primera línea
los cohortes de macrófagos y de polinucleares (glóbulos blancos) que
van a atrapar a los agentes infecciosos y a eliminarlos (fagocitosis)”
Carta del Institut Pasteur.
A nivel de las mucosas existen puertas de
entrada para los antígenos extranjeros. En el intestino delgado son las
placas de Peyer constituidas por grupos de células inmunitarias que
esperan, ávidas de información. Estas células, macrófagos y linfocitos,
están situadas aquí para acoger, memorizar y sobretodo controlar los
“limpiadores” y los agentes de reprogramación que son las bacterias y
virus “patógenos”. A nivel de las placas de Peyer y bajo la acción de
los linfocitos, la mucosa intestinal se vuelve permeable, el epitelio
se diferencia en “células M” cuya función es calificada de “misteriosa”
por los inmunólogos.
¿Por qué misteriosa? Sencillamente porque su
manera de actuar no corresponde con el dogma en vigor: las células M
transportan los antígenos extranjeros de la luz intestinal al interior
del organismo ! ¿Y eso para qué? Si la impermeabilidad de las mucosas
garantiza un medio interno inexpugnable, ¿para que se van a abrir en el
intestino delgado alrededor de 200 puertas que dejan pasar los agentes
infecciosos digestivos (como los virus de la polio y del sida, el
vibrión colérico o las salmonelas? Su objetivo sería alertar al sistema
inmunitario. Que incoherencia !! El enemigo está al pié del castillo
cuyos muros son infranqueables y se le abren las puertas para que el
enemigo pueda prevenir a la guardia. Y para colmo, esto no siempre
provoca una alerta inmunitaria ni la destrucción de los gérmenes. Pero
todo se vuelve coherente si lo observamos como un sistema cognitivo,
donde la respuesta depende de las características de la información. La
función de la placas de Peyer, que aumentan en número en caso de
infección, es la de transmitir ciertas informaciones del medio externo
(Non-Yo) para la futura diferenciación y evolución de Si mismo ( Yo).
El sistema inmunitario solo deja pasar lo que el organismo precisa y es
el intestino delgado quien decide que información transmitir y de que
manera.
En las placas de Peyer, los primeros que
actúan son los macrófagos. Su función es efectuar una primera selección
entre la multitud de gérmenes que se encuentran en las puertas del
medio interno. Actúan por endocitosis o fagocitosis, es decir por
ingestión y digestión de todos los desechos e impurezas, pero también
de microbios portadores de ácidos nucléicos (el mensaje) y de proteinas
(el antígeno señal, que es el documento de identidad del microbio).
Transmiten informaciones “interesantes” a los linfocitos T, por el
mecanismo de “presentación del antígeno”. De esta manera almacenamos o
rechazamos cada día, gran cantidad de informaciones y cuando el medio
interno precisa de un intenso trabajo microbiano, este se acompaña de
un conjunto de síntomas llamado “infección aguda”. Los macrófagos
emiten la interleukina 1, citokina que actúa a nivel de los centros
termorreguladores del hipotálamo, provocando la fiebre y la inflamación
para apoyar el trabajo de vigilancia de los linfocitos.
LA FIEBRE
La fiebre es nuestro mejor aliado para
controlar la integración de las informaciones microbianas. Eje de la
defensa natural, testigo de una reacción orgánica sana del niño aún
inmaduro, es una manifestación propia de este periodo de
individualización y debemos perder el miedo visceral y los prejuicios
que nos impulsan sistemáticamente a combatirla. Muy a menudo los niños
“equilibrados” presentan una “falsa fiebre” les aumenta la temperatura
sin consecuencias y siguen jugando, bebiendo y durmiendo como si nada.
La dieta, los baños 2º por debajo de la temperatura rectal y la
presencia permanente de la madre (sobretodo por la noche) es suficiente
para que baje. La verdadera fiebre es un síndrome impresionante con
hipertermia, manifestaciones inflamatorias, escalofríos, sudores,
contracturas musculares. Entonces hay que saber controlarla en su
intensidad y en su duración. Alrededor de 38º y 38,5º la fiebre
favorece el desarrollo microbiano. ¿Con que finalidad? Si el microbio
es un enemigo entonces hay que combatir la fiebre por todos los medios.
Pero si al contrario el microbio es una información, esta facilitación
tiene sentido ya que es una amplificación para “ver mejor de que se
trata” antes de una posible integración. De 39º a 39,5º la fiebre es
bacteriostática, para la multiplicación microbiana. El mensaje es
recibido, la información es integrada o juzgada sin importancia. De 40º
a 40,5º la fiebre es bactericida, destruye los microbios suplementarios
que no tienen ningún interés. Pero la fiebre tiene otras funciones.
Aumenta el metabolismo de base favoreciendo las síntesis (crecimiento,
anabolismo) y la eliminación de toxinas (catabolismo). Acelera los
ritmos cardíacos y respiratorio, la filtración hepática aumentando su
acción antitóxica. Estimula las funciones metabólicas del hígado,
inmaduras hasta los 4 años, lo que nos deja entrever los daños
considerables ocasionados por la quimioterapia masiva y rutinaria para
“bajar la fiebre y destruir los microbios”.
¿Qué significa “respetar
la fiebre”? Primero hay que captar el sentido de la enfermedad
infantil. Lo podemos comparar a una prueba iniciática que permite
“limpiar la herencia” metamorfosear el cuerpo físico, elaborar el
psiquismo, eliminar la predisposición natural a la neurosis regresiva o
el retorno fusional a la madre. Pasar una “buena rubéola” o unas
“buenas paperas” nos permite de hacer piel nueva y esta muda es una
conquista que va acompañada de una metamorfosis profunda tanto de la
fisionomía como de la psique. Al salir de la enfermedad el niño ha
cambiado, su cuerpo en parte liberado de las “escorias” del pasado
familiar, tribal o social para que pueda abrirse en él su
individualidad psico-espiritual. Los rasgos se afirman, el niño crece,
el lenguaje es mas elaborado. Se vuelve más resistente para poder
afrontar los futuros conflictos, madurando su sistema inmunitario. “La
fuerza de la metamorfosis al atravesar una enfermedad infantil, nos
dura toda la vida”, y parece que las subidas de fiebre de la infancia,
juegan un papel protector frente a las enfermedades tumorales. La
enfermedad infantil es una auténtica curación y los agentes de esa
curación son los microbios. El término de “enfermedad” solo debería
utilizarse en caso de complicaciones. Estas dificultades a franquear
los pasos de la evolución, los encontramos en distintos niveles : una
fragilidad relacionada con la pesada herencia psíquica de la humanidad
(las diatesis innatas de los homeópatas), al “proyecto inconsciente de
los padres”, a los traumatismos de la vida fetal, del nacimiento y de
la infancia, a la carencia afectiva, a menudo a manipulaciones médicas
intempestivas relacionadas con el miedo. La mayoría de los padres están
aterrorizados por el espectro de las convulsiones y del delirio febril
en relación con sus propios terrores infantiles (las angustias de sus
propios padres) y el sometimiento a los dogmas médicas en vigor, un
miedo irracional mantenido y amplificado por algunos médicos que son
incapaces de comprender la naturaleza profunda de estos procesos
vitales. La propaganda vacunalista se basa en el miedo de las
complicaciones y muy a menudo es la misma vacuna que provoca estas
consecuencias. Las enfermedades infantiles tienen siempre un gran
componente emocional, como todos los grandes momentos de nuestra vida.
El niño desde su etapa pre-verbal hasta alrededor de los 3 años, está
completamente abierto a las influencias externas. Imita a los “mayores”
para construirse, y esto se puede comparar al contagio. Igual que
intenta reconstruir cada palabra y cada gesto en sus juegos secretos,
de la misma manera puede manifestar físicamente a través de una
erupción cutánea, una bronquitis, una diarrea, un estreñimiento, o
convulsiones (venganza dirigida contra la madre !) el ambiente
emocional en el que vive. ¿Qué modelo humano damos a nuestros niños? De
todas las emociones el miedo es la más contagiosa, es la mayor
enfermedad de nuestro siglo. La ansiedad de la madre, subjetiva, puede
generar por resonancia una agravación ,objetiva, y a veces dramática de
los síntomas en el niño.
Cuanto más inquieta está la madre, más
riesgo hay de agravar la enfermedad, aunque esto parezca un poco duro,
pero a veces el miedo obsesivo de las convulsiones en los padres o en
el médico, es suficiente para generar convulsiones en el niño. Si
tenéis miedo de caer, la manera más sencilla de eliminar este miedo es
justo caerse !
¿Cuándo vamos a entender que la salud de nuestros hijos es un reflejo fiel de nuestros estados de ánimo?
Cuando llega la crisis evolutiva, hay que rodear al niño de una atmósfera serena, positiva,
Animándolo
y admirando este misterio que se produce. Hay que acompañarlo en su
esfuerzo de curación, armar al guerrero para su combate y no evitárselo
ya que “las enfermedades son los obreros del divino” (Paracelso).
No se previenen las enfermedades con las
vacunas mortales, sino con amor que da vida. “Respetar la fiebre” es en
primer lugar confortar al niño con una actitud serena y
tranquilizadora, acompañar su esfuerzo de crecimiento con una dieta
adaptada, reposo y utilizar remedios no tóxicos que impidan que la
fiebre suba o dure demasiado. Por encima de 40º y mas de cuatro días,
el individuo debe ayudarse con homeopatía, aromaterapia y
oligoelementos catalíticos. Excepcionalmente podremos recurrir a la
quimioterapia, pero si captamos el sentido de la enfermedad infantil,
si evitamos el pánico y si queremos que nuestros hijos estén sanos, en
muy raras ocasiones los tendríamos que utilizar.
Segunda línea
Inmunidad de mediación celular- Fase de estado
Versión oficial: “otros cuerpos de tropas
celulares, compuestos de diversos glóbulos blancos guerreros capaces de
reconocer al enemigo (o de colaborar en su identificación), de cooperar
eficazmente gracias a diversos medios de transmisión y de entrar en
combate” (La carta del Institut Pasteur).
Esta fase empieza en las puertas abiertas
situadas en las mucosas. Las floras simbióticas transfieren las nuevas
informaciones, originales o complejas
Hacia los macrófagos de las
placas de Peyer. Los macrófagos las van a integrar, a digerir y
finalmente a presentar éstos peptidos antigénicos, a estos
especialistas que son los linfocitos T.
Los recién nacidos poseen linfocitos,
pero también son linfocitos recién nacidos !! aún no están educados y
no saben como comunicar correctamente con las palabras químicas que más
adelante constituirán su lenguaje. Los promotores de la vacunación
infantil precoz, múltiple, sistemática y obligatoria, parece que no
hayan captado este aspecto elemental de la biología. El bebe de menos
de 12 meses tiene una boca, una lengua, laringe y cuerdas vocales, y a
pesar de todo no sabe hablar. Progresivamente elaborará el lenguaje por
imitación y a partir de las informaciones que reciba de su entorno. Del
mismo modo un niño de menos de 2 años, tiene médula ósea, un timo, un
bazo y ganglios linfáticos, macrófagos y linfocitos, pero estas células
aún no pueden fabricar citokinas, dicho de otro modo no saben hablar y
no pueden comunicar. Para los que prefieren comparar a las células
inmunitarias con un ejército, sería un ejército de jóvenes reclutas
aislados unos de otros, sin jefes ni comunicación por radio, lo que no
les permite establecer ningún tipo de estrategia eficaz, de regular una
fina respuesta inmunitaria según el tipo de información recibido. La
capacidad de regulación debuta hacia los dos años (cuando el niño
empieza a hablar) y llega a su madurez hacia los 10 – 12 años. A partir
de aquí, ¿Qué efecto pueden tener las múltiples vacunas inyectadas a
los bebes?.
Los linfocitos nacidos en la médula ósea,
educados en el timo, concentrados en las placas de Peyer, los ganglios
y el bazo, circulan por el organismo, para informarse en las mucosas de
lo que pasa en los límites del “reinado”. Siempre intervienen después
que los macrófagos hayan realizado la fagocitosis. Los antígenos que
les son presentados constituyen un “documento de identidad” y un “salvo
conducto” de las informaciones microbianas. Los linfocitos no pueden
comprender las informaciones que no han sido filtradas por las mucosas.
Ya hemos visto que para coordinar sus acciones las células inmunitarias
deben permanecer constantemente en comunicación, los intercambios se
efectúan por intermediario de moléculas como los interferon y las
interleukinas, que están casi ausentes en los niños. Estas palabras
químicas permiten estimular, atenuar o interrumpir tal o cual aspecto
de la respuesta inmunitaria a fin de amplificar, modular o prohibir la
reprogramación del microbio. Los linfocitos T, y sobre todo los T4 o
CD4 se consideran como el “polo de conciencia” del sistema inmunitario,
los maestros de obra de la inmunidad específica. El cerebro biológico
controla y ordena todos los procesos de enfermedad y de curación a
través de señales nerviosas o endocrinas, y los linfocitos T4 son los
ingenieros y aparejadores que supervisan el trabajo de los obreros
microbios. El sistema nervioso es el terminal de todas nuestras
percepciones sensoriales y extrasensoriales que engendran o reactivan
pulsiones, deseos, emociones, sentimientos, actos y pasiones,
atracciones y repulsiones, pensamientos, ideas, conceptos, creaciones
imaginarias y recuerdos. En el cerebro se imprimen todos nuestros
conflictos concientes e inconscientes. Todo está unido, y nuestras
emociones positivas o negativas influyen en nuestra inmunidad, inhiben
o favorizan el trabajo microbiano de la misma manera que el estado de
nuestra flora intestinal influye sobre nuestro estado de ánimo.
La inmunologia oficial empieza aquí con
la intervención de los linfocitos T que recogen y memorizan las
informaciones transmitidas por los macrófagos. El microbio se encuentra
en el medio interno y para los especialistas se trata de un enemigo al
que hay que destruir lo más rapidamente posible gracias a la activación
de los linfocitos T8 citotóxicos y de los linfocitos B productores de
anticuerpos. Una vez más nos encontramos frente a una evidente
paradoja. Para empezar, esta reacción celular de neutralización o de
rechazo es facultativa y además es tardía ya que aparece varios días
después del primer contacto en las fronteras. ¿Qué sucedió durante este
tiempo, sabiendo que un virus puede llegar a su objetivo en algunos
minutos? Y por otro lado la participación del sistema inmunitario a
menudo aparece como esencial para el desarrollo de numerosas
“enfermedades infecciosas”. A veces lo que pasa es que hay una
tolerancia, incluso una facilitación que permite a los gérmenes de
penetrar y recorrer todo el organismo para encontrar su objetivo y
realizar allí trabajos de renovación. La tolerancia inmunitaria
favoriza la expresión de la enfermedad infecciosa si ella es
necesaria:la interleukina 1 arranca la fiebre que activa el desarrollo
microbiano, del mismo modo que la adrenalina y el cortisol secretado
por las glándulas suprarrenales activan los linfocitos supresores que
inhiben la reacción inmunitaria y favorecen la infección en caso de
estrés.
Otra paradoja : la inmunologia describe
infecciones intracelulares (es el caso de los virus) y extracelulares,
lo que significa que el sistema inmunitario solo interviene cuando el
enemigo ya ha penetrado en su objetivo. ¿porqué espera tanto? Respuesta
oficial : “el germen es capaz de eludir incluso de desviar a su favor
la respuesta celular que es el primer acto de la respuesta
inmunitaria”. Esto es un tremendo contrasentido!! De hecho el sistema
inmunitario autoriza el proceso infeccioso cuando éste es útil, pero lo
controla rigurosamente y lo termina cuando alcanzó su objetivo – la
curación -. Esto es lo que se produce, considerando que linfocitos T4
fueron sorprendidos en pleno delito de transmisión de virus de célula a
célula, fuera del alcance de eventuales anticuerpos neutralizadores. Es
así que ciertos virus pueden atravesar las mucosas y llegar a nuestro
ADN en unos minutos, para incluirse a nuestros cromosomas, sin dar
ningún signo patológico ni ninguna reacción inmunitaria. Pero el número
de células implicadas esta estrictamente controlado por los linfocitos
según el objetivo que se requiera.
Lo que describe la inmunología clásica es
un fenómeno tardío, posterior a las fases de asimilación e integración
de las informaciones. La destrucción de los microbios por los
linfocitos ocurre después de la enfermedad, cuando se limpia el
terreno, se reprograma el ADN y el conflicto ya está resuelto. El papel
de los linfocitos T4 al principio, es dejar que se cumpla la
transferencia de información, o sea la “enfermedad”, inhibiendo los
procesos puramente destructores de la tercera fase. Cuando termina este
trabajo, la fiebre aumenta para frenar y luego parar la actividad
microbiana. Los linfocitos T4 inician entonces la tercera fase, que
consiste en la eliminación de desechos por activación de los macrófagos
armados, de linfocitos T8 citotóxicos y eventualmente de linfocitos B
productores de anticuerpos.
Tercera línea
Inmunidad humoral
Fase terminal y convalecencia
Versión oficial :”varios tipos de
linfocitos entran en juego: los linfocitos B que producen los
anticuerpos y constituyen verdaderas fábricas de armas biológicas; los
linfocitos asesinos que librarán una lucha cuerpo a cuerpo con las
células infectadas para destruirlas, los linfocitos consejeros
militares que regularan los movimientos de las tropas, y otros
linfocitos que envenenarán a sus enemigos liberando citokinas.....” La
carta del Institut Pasteur.
El estudio de esta fase terminal del
proceso inmunitario se debe centrar en el ciclo de producción,
utilización y eliminación de estas proteinas llamadas anticuerpos ,
inmunoglobulinas o gammaglobulinas. Son sintetizadas por los linfocitos
B, y ello es la base de toda la teoría de vacunación pasteuriana,
sistematizada en la prima infancia, aunque estas células no sean
realmente funcionales que hacia la edad de 4 a 5 años, según el dogma,
estar bien vacunado, o sea bien inmunizado, quiere decir tener
anticuerpos circulantes en sangre.
Esta manera de verlo es incoherente, al menos por tres razones:
- ¿porqué se busca la seropositividad con
las vacunas, cuando se considera la seropositividad natural de mal
pronostico (sida, hepatitis,...)?
- Un nivel bajo de anticuerpos se
considera fisiológico, en revancha las hipergammaglobulinemias
(cantidades importantes de anticuerpos en el suero sanguíneo) siempre
son patológicas. En los enfermos graves de sida afectados también de
otras enfermedades “oportunistas” los niveles de anticuerpos son
enormes, pudiendo llegar a 75%, en lugar de 15 a 17% en un individuo
sano! Los anticuerpos no son protectores y su producción masiva más
bien muestra un descontrol y un fallo del sistema inmunitario que se ha
vuelto incapaz de controlar la situación. Este desarreglo mortal solo
se produce en casos desesperados y veremos que es lo que pasa con las
vacunas. Fue asi que los intentos preliminares de una vacuna anti-sida
administrada a seropositivos asintomáticos (sin trastornos visibles)
provocaron todos una agravación muy rápida y una muerte prematura.
-
Durante una enfermedad contraída naturalmente, los anticuerpos aparecen
tres semanas después durante la fase de convalecencia, para
estabilizarse luego a un nivel muy bajo. ¿En qué nos protegen si la
enfermedad ya se terminó? Si realmente estamos en peligro en los casos
de enfermedad infecciosa aguda, ¿qué es lo que nos protege durante todo
el tiempo necesario para fabricar los anticuerpos? Si nada no
controlara la acción microbiana durante este lapso de tiempo,
estaríamos todos muertos de infección y eso mucho antes de la invención
de las vacunas.
En el primer contacto con el antígeno, la
producción de inmunoglobulinas es inútil ya que los anticuerpos no
tienen ninguna relación con la verdadera inmunidad, que concierne
principalmente a los filtros de las mucosas y a los reguladores
celulares. La inmunidad por mediación celular es un proceso
perfectamente controlado por los linfocitos bien disciplinados que
supervisan una intensa cooperación celular. Los T4 guardan la memoria
de todo lo que estuvo en contacto con las placas de Peyer, de todo lo
que penetró en el medio interno, y de todo lo que integró el genoma.
Según los acontecimientos de la biografía de cada cual, el sistema
inmunitario autorizará la activación de una enfermedad infecciosa una
sola o varias veces. En la inmensa mayoría de los casos, las
enfermedades infantiles, como el conjunto de enfermedades virales, solo
se producen una sola vez. La inmunidad naturalmente adquirida es sólida
y casi siempre definitiva y los gérmenes implicados serán mas tarde
rechazados a nivel de las mucosas.
¿Cuál es el papel de los anticuerpos? Al
mismo tiempo que favorecen la integración de informaciones microbianas
susceptibles de enriquecer al individuo, los linfocitos T4 preparan la
fase final para frenar y luego parar la actividad infecciosa. Gracias a
las linfokinas, “arman” a los macrófagos y ponen en alerta a los
linfocitos T8 cititóxicos y a los linfocitos B productores de
anticuerpos. Pero lo que es seguro que no hacen es una superproducción
de inmunoglobulinas!
Ellas se mantienen muy discretas durante toda
la fase aguda de la enfermedad. Después en la fase de convalecencia,
los anticuerpos se fabrican con parsimonia para limpiar el terreno.
Toda curación implica destrucción y reconstrucción, lo que se traduce
por eliminación. Muchas veces se forma pus para limpiar bien una
herida, está constituido por macrófagos y linfocitos cargados de
desechos y toxinas. Los anticuerpos eliminan del medio interno los
envoltorios víricos, las células muertas y los gérmenes inútiles. La
inmunidad de mediación humoral solo es un sistema de limpieza. Valorar
la inmunidad según la cantidad de anticuerpos producidos sería como
juzgar el éxito de un encuentro importante según la cantidad de
barrenderos que hay en la sala cuando ya no queda nadie. Practicar la
vacunación con el único objetivo de fabricar anticuerpos es una
aberración y es además peligroso para el equilibrio del medio interno.
Hay una destrucción del envoltorio del
virus pero no del mensaje. Cuando recibimos un correo tiramos el sobre
y leemos la carta. El sistema inmunitario hace lo mismo. ¿Entonces para
que vacunar? El dogma actual dice que toda información es subversiva,
que todo correo recibido es terriblemente nocivo y hay que destruirlo
antes de abrirlo y de esta manera engañar al sistema inmunitario,
forzando al organismo a producir anticuerpos contra una multitud de
enemigos hipotéticos, invisibles, virtuales. Es la paranoia total!!
Siguiendo la analogía entre el comportamiento del sistema inmunitario y
nuestro comportamiento frente al correo, cada día recibimos multitud de
correo publicitario, echamos una ojeada más o menos atenta según
nuestros intereses del momento y enseguida nuestras “defensas
naturales” eliminan gran cantidad de información, (floras intestinales
y macrófagos). Aunque a veces algunos sobres nos llaman particularmente
la atención ya que parecen contener informaciones nuevas,
enriquecedoras o esconder un posible peligro para nuestro equilibrio
interno (facturas, multas, etc...) estas las vamos a leer atentamente
(macrófagos, linfocitos T) las vamos a memorizar y a clasificar en
nuestros archivos personales (linfocitos memoria, inclusión en el ADN)
después de haber eliminado los soportes, los sobres y los embalajes
(linfocitos T8 citotóxicos, anticuerpos).
¿Qué hacemos si recibimos
cada día la misma información por centenares de ejemplares? Vamos a
bloquear nuestro buzón para no recibirla más (sistema de filtración de
las mucosas) asi esta información va directamente a la papelera o al
incinerador (anticuerpos neutralizantes). Estar “inmunizado” quiere
decir que nuestra memoria indica que tal información ya está
clasificada, inútil, repetida, dañina, y así nuestros anticuerpos
mentales intervienen inmediatamente. Así funciona el sistema
inmunitario frente a los microbios.
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